Al importante vos que observa desde la seguridad de un tweet.

No sé quien sos. Ignoro tu cordura y de esa elocuencia que se disfraza en ciento cuarenta caracteres, a veces menos otras veces más, descubro a tu locura hablando a un mundo sordo.

Ignoro tu presencia, tu situación y de tu individualidad descubro muy poco. Con todo y frente a todo, pareces un espejismo, que contrario a los espejos que se mantienen firmes siendo esencia y no imagen, acompañas a los insanos en calcinantes caminos haciéndoles trastabillar en sus pasos, o te evaporas junto a las impermanencias; o como la vívida imaginación, te deslavas inclemente durante las noches torrenciales, cada vez menos copiosas, menos redundantes, menos caóticas.

Al importante “vos” que observa desde la seguridad de un tweet le digo que ocultas muy poco, te disfrazas muy mal, y entre las pocas tontas cosas dichas, te resguardas en la ausencia, en la transparencia del silencio, en la disolvencia de cada respiro, que entre taza de café y cigarro olvidas.

Desconozco quien acribilla tu inmutable existencia con improperios, o lo que sería peor, silencios; y tampoco soy testigo de cómo tu lengua mordaz abrasa en sórdidas emociones. ¿No es acaso el lenguaje, en su brevedad, en su exactitud y elocuencia un símbolo de expresión, de razón?

¿Debería entonces tu lenguaje ocuparse de palabras propias, que como dulces y traslúcidas gotas de miel se escurra en los sueños y los deseos? ¿O hilvanar el tapete dorado del entendimiento? ¿O como sonoridad líquida, enamorar con la fluidez del cotidiano?

—DA20150808